Les voy a contar unas hi$toria$ muy comune$ (y 2)

Esta vez, por sugerencia de un fiel lector de VivoEnCanada.com, quiero continuar con la serie de relatos y experiencias de inmigrantes que venía contando desde hace algunas semanas.

Hola de nuevo, hace algunos días no escribía artículos en el blog. A veces la vida personal y laboral no me dejan mucho tiempo para dedicarle a este espacio, pero aquí estoy de nuevo con ustedes esperando retomar la frecuencia normal de las publicaciones.

Bueno, entremos en materia.

Ese mismo lector que les mencioné más arriba muy amablemente nos concedió una entrevista con el fin de que publicáramos aquí su relato desde el punto de vista económico, pues desea dar a conocer su historia y está muy inquieto por saber si algo igual o similar le ha pasado a más personas. Le agradezco mucho su sinceridad, valentía y apertura. Yo personalmente me identifico con su historia en varios puntos.

Aprovecho para invitarte a ti amigo o amiga que nos lees y vives en Canadá (o que te regresaste a tu país de origen): Si deseas compartirnos tu historia de inmigrante, me puedes contactar y podemos arreglar una entrevista, y aquí estaríamos publicando el resultado, obviamente respetando tu confidencialidad.

El relato de hoy:

“El pobre asalariado”

Érase una vez un inmigrante soltero que llegó con sus ahorros de muchos años para comenzar una nueva vida en Canadá.

En Latinoamérica, el dinero le alcanzaba para todo sin problemas, y los cálculos de presupuesto siempre le cuadraban.

Al iniciar la vida en su nuevo país

Fue muy cuidadoso con su dinero, pero en sus primeros meses, el único desliz que tuvo fue por ignorancia en los temas de invierno, al dejarse engañar por una vendedora originaria de su país, que le vendió un abrigo demasiado costoso y lo convenció de que era una buena compra.

A pesar de los golpecitos normales del aprendizaje, nuestro amigo iba en el camino del éxito. En muy poco tiempo consiguió empleo en su área como operario técnico de bajo nivel ¡Lentamente podría ir avanzando para validar su carrera, y mientras tanto podría ahorrarse unos dolaritos!

A pesar de ver que con sus primeros salarios sus amigos de aventura se compraban relojes caros y las últimas consolas de juego, nuestro protagonista continuaba ahorrando modestamente para la etapa que tenía planeada: estudiar tiempo completo para validar su carrera.

estudio

La nueva etapa

Luego de unos meses de trabajo se le presentó la oportunidad y comenzó un proceso con un organismo de ayuda a inmigrantes para estudiar para los exámenes de su orden profesional, y para poderse meter de lleno renunció a su empleo. Afortunadamente comenzó a recibir los aportes monetarios de la ayuda social y la ayuda para el transporte, mientras continuaba viviendo en una pequeña habitación que alquilaba en una casa para estudiantes.

Los ahorros que había acumulado le ayudaban a compensar el poco dinero que entraba, todos los fondos se iban casi por completo en vivienda, alimentación y transporte. Nuestro amigo no podía olvidar enviar cada que pudiera dinero a su familia en su país de origen, pues dependían en gran parte de su ayuda. Y claro, de vez en cuando aprovechaba y salía con sus amigos a paseos económicos dentro de la ciudad.

Pasó un año de estudios, una decisión

Adelantemos la historia. Ya ha pasado un año de dedicación completa a los estudios, madrugando de lunes a viernes a las 4 de la mañana para estudiar en continuo hasta las 5 de la tarde, en donde nuestro amigo tuvo que hacer cientos de sacrificios personales para poder ser modesto en los gastos.

Y sucedió algo. El protagonista de esta historia tuvo que enviar más dinero del calculado a su familia, y por otro lado, por el estrés del estudio y las ganas de distraerse de su pesada rutina había adquirido “el vicio” de comer dos veces por semana en los restaurantes de los centros comerciales.

Sin darse cuenta, su saldo bancario había bajado un poco, pero todavía era normal…

El programa gubernamental de ayuda ya había terminado, pero a nuestro amigo aún le faltaban materias por pasar, y para prepararse mejor decide tomar cursos en la universidad por una sesión más (que debió pagar sin ayuda), para luego tomar los exámenes de la Orden Profesional (y pagar también sin ayuda). Por 6 meses se dedicó a vivir de sus ahorros y a estudiar por tiempo completo, tal como lo venía haciendo el año precedente. A pesar de tener la oportunidad de trabajar en empleos de supervivencia o cargos técnicos para ayudarse económicamente, nuestro amigo no quiso trabajar en nada para no desconcentrarse de su objetivo académico: ya veía cerca el fin exitoso.

Al fin de estos 6 meses por su cuenta, los ahorros que quedaban rozaban el cero, y la única ayuda que tenía era reclamar mercados para personas en necesidad.

Sucede que nuestro amigo no ganó los últimos exámenes de la orden profesional y debido a la necesidad económica inminente decide buscar trabajo como técnico calificado en esa misma área. Y lo logra muy rápidamente. Realmente, por el trabajo fue que inmigró aquí ¿no?

¡A trabajar! Pero no como “profesional”

crédito...

Para poder tomar el nuevo empleo, y debido a su saldo bancario, tiene que realizar un sobregiro para poder comprar ropa nueva, homologar la licencia de conducción y viajar a otra ciudad para recibir una formación, gasto que la empresa le pide que pague (en 20 días le van a reembolsar este viaje). Son 3 semanas muy difíciles, pero luego de superadas, con el nuevo empleo la cuenta bancaria comienza lentamente a llenarse.

En este tiempo afortunadamente nuestro amigo hace muchos contactos y aprende cosas que le van a servir para toda la vida, mientras que lentamente “tapa los huecos” y paga las deudas de sus recientes tiempos de estudiante.

Como las cosas pintan bien, y nuestro amigo por fin comenzará a echar raíces en su ciudad, decide tomar en alquiler un apartamento y comprar todo el amoblamiento. Es un momento de alegría. Claro, bien merecida.

Pero apenas con un par de meses después de esta inversión, y con menos de 1 año de trabajo en la empresa, las condiciones de la economía cambian súbitamente y la compañía debe prescindir de sus servicios, así como el de muchos otros empleados.

¡Sigamos trabajando!

Pero no, la vida no es tan mala. Rápidamente nuestro amigo consigue un empleo similar en otra compañía, pero para ejercerlo le tocará mudarse de ciudad. Y como requisito para el cargo le “sugieren” (exigen) que se compre un automóvil para hacer ruta y visitar a los clientes. “No he acabado de salir de deudas ¿y para poder trabajar en un buen empleo me toca meterme en una deuda de un carro bueno para que no me deje en mitad de la nada?” –se preguntaba para sí mismo, sorprendido mientras acepta tomar el riesgo.

carro

Y luego de un tiempo…

Para resumir la historia, nuestro protagonista de hoy nos cuenta que a pesar que gana un buen salario hace pocos años, este nunca le rinde luego de pagar deudas y compromisos. No ha podido hacer ni un dólar de ahorros, y eso que lleva 6 años en este país y no se da casi gustos ni viaja para poder ahorrar.

En estos momentos nuestro amigo sale avergonzado a pedir mercados de ayuda para gente pobre porque a veces el presupuesto no le da para comer y nadie le cree que está en esas porque “gana un buen salario”.

Todos los días se pregunta cuál sería su pensión de vejez en este país, o qué pasaría si súbitamente deja de trabajar, pues el día de hoy no cuenta ni con 200 dólares de respaldo para emergencias. La pregunta que le surge siempre es “¿Qué estoy haciendo mal en materia económica? ¿Es esto normal?”

(Aprovecho y agradezco de antemano para pedirles que aconsejen a nuestro amigo en la sección de comentarios de este artículo).

Él se pregunta también si realmente valió la pena venir a otro país a “vivir bien” pero en relativa soledad y sacrificando su vida, perdiendo la independencia de hacer lo que quiere, la cercanía de los amigos de infancia, de su familia y un nivel de vida que sí le permitía ahorrar y no estar endeudado hasta el cuello…

Muchas gracias amigo por compartirnos tu experiencia. Personalmente te deseo que logres llegar al punto de equilibrio que necesitas en tu vida y te envío muchas energías positivas.

Y para ti amiga y amigo lector que todavía nos acompaña en esta larga nota, te agradezco haber llegado hasta aquí.

Si quieres leer un tema relacionado con el sentimiento de nuestro amigo, puedes mirar la infografía de la pobreza en Canadá.

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¡Un saludo muy cordial y nos vemos en la próxima entrada!

About the author

Wordlier

A Luis Gutiérrez (Wordlier) le apasionan los temas sociales, el aprendizaje de idiomas, y apoyar a las demás personas para que encuentren su camino hacia el éxito personal y profesional. Hace más de media década reside en la provincia de Quebec, Canadá. En 2009 fundó el foro "Colombianos Inmigrados e Inmigrantes al Canadá", el cual sigue administrando, y que le ha servido a cientos de familias a hacer amigos y facilitar sus proyectos de vida. También puedes encontrarlo en el Grupo Facebook: Profesionales Inmigrando y Viviendo en Canadá.

Readers Comments (6)

  1. Hola, muchas gracias por el aporte, me surgeuna duda, a cuál orden se presentó?

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  2. Es evidente, que lo que él considera un buen salario, no lo es tanto. Un buen salario da para ahorrar, tener fondo de emergencia, viajar de vacaciones y obviamente pagar hipoteca/arriendo y comida sin afugias.
    Si su salario no da para ello, implica que debe reestructurar su presupuesto y empezar a vivir con lo que tiene. Adicionalmente, si la empresa requiere que tenga vehículo, la empresa lo debe suministrar o alenos darle un monto mensual para cubrir los gastos del carro.
    Mi consejo seria con la experiencia que tiene, buscar un trabajo en otra empresa con mejores condiciones. Ahorrar mínimo el 10% de su salario SIN IMPORTAR cuanto sea el salario. Y nunca mudarse sin evaluar los costos ocultos de hacerlo, pues como ya debió notar, mudarse de ciudad por ganar el mismo monto que en su ciudad de base implica un flujo de caja negativo por un tiempo.

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  3. Si no le alcanza el sueldo, es porque tiene muchas deudas…..pero después que salga de deudas se sentirá mejor y podrá hacer ahorro, vivir más tranquilo

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