Les voy a contar unas hi$toria$ muy comune$ (1)

En esta entrada continuaré con relatos de inmigrantes a Canadá, algo que sé que le gusta leer a muchos de mis queridos lectores. Esta vez les contaré tres diferentes historias de inmigración con énfasis en la economía del inmigrante en sus primeros seis años.

Para no hacerles la entrada muy larga para leer, voy a distribuir esta serie de relatos en dos entregas. Ésta es la primera.

Para quienes siguen mi blog, notarán que les he compartido (y voy a seguir compartiendo) diversos artículos acerca de la búsqueda de empleo, la entrevista, etc. Esa información hace parte de lo que afortunadamente he aprendido de la vida estando aquí, y viene de los cursos que he seguido, de lo que he leído acerca del tema, de lo que he hablado con gestionarios de empresa y que he podido validar con mi experiencia personal y profesional. Por eso creo importante dárselas a conocer, pues es de utilidad para todos y de alguna manera también hace parte de mis relatos.

Antes de entrar en materia, aprovecho para invitarles a seguirme en Facebook y Google+ para estar al tanto de lo que pasa en Vivo en Canadá.

Bueno, comencemos con el tema de hoy.

El fin de semana pasado, luego de una charla con otras personas inmigrantes, cada una proveniente de un país diferente, corroboré algo que tenía en mente desde hace mucho tiempo y quería escribirles desde hace varias semanas: mucha gente pasa por la misma situación de estar mal económicamente o comenzar a acumular muchísimas deudas, y todo comienza al llegar a Canadá. Muchos incluso vienen endeudados desde su país de origen, que es peor aún.

En esta entrada deseo contarles dos pequeñas historias verdaderas, que están relatadas desde el punto de vista económico. Son dos de tantas miles de experiencias diferentes que se ven en la vida de los inmigrantes en Canadá. Mi deseo es que las analices y las medites para evitar caer en esas situaciones (o salir de ellas, si ya te está sucediendo algo similar).

Mariposas atraídas por la luz que quema

1. La pareja que se dejó deslumbrar

Érase una vez una pareja que llegó a estas tierras estrenando matrimonio y acostumbrados a vivir bien en su país de origen, pues ambos tenían buenos empleos, que les permitían darse un nivel de vida decente, que incluía salidas a pasear o a comer a restaurantes de vez en cuando.

Luego de llegar a Canadá, nuestros amigos comienzan a ver que en los almacenes en ciertas épocas ofrecen muchos descuentos y que aquí se consiguen a precios más módicos algunas marcas de ropa que toda la vida habían querido usar. Además, puesto que lo ven barato y calcularon que el presupuesto les daba, se dotaron con toda la ropa de invierno –todo de marca– con anticipación, igualmente con cositas para la casa porque las ven muy bonitas y muy prácticas. ¡Es que todo está muy barato!, decían.

Así entre “ahorro y ahorro” comprando cositas, no se dieron cuenta y gastaron rápidamente gran parte de los ahorros con que venían.

Unos meses después se ven forzados a disminuir radicalmente los gastos, y a acudir a los bancos de ayuda alimentaria, como a muchos nos ha tocado hacer.

Debido a la época de transición, y para hacer valer sus profesiones, uno de los dos comenzó a realizar estudios universitarios, mientras que el otro trabajaba en empleos de supervivencia con salario cercano al mínimo.

Actualmente quien hacía la universidad trabaja en su profesión y paga el préstamo beca que tomó del gobierno, y la otra persona de la pareja es quien tiene el turno de estudiar.

Los ingresos no son los mejores, permiten sobrevivir pero no permiten hacer muchas cosas (diversión, restaurantes, salidas, turismo).

Eventualmente la pareja saldrá adelante, luego de que ambos estén trabajando en su profesión, y esto a 6 años de haber inmigrado a Canadá.

Decepcionada

2. La persona que no se pudo integrar

Érase una vez una persona que estaba muy arraigada a su familia, al ser que amaba y a todo lo de su tierra, pero que decidió a emigrar sola a Canadá para mejorar su futuro.

A pesar de tener un trabajo bien pago en su país de origen, sus obligaciones familiares no le permitían hacer muchos gastos pues consumían gran parte de sus ingresos. Con esa ilusión de Canadá y un mejor futuro en mente, contrató a una agencia para asesorarle con su proceso de inmigración (que era sencillo), y para poderles pagar lo que le pedían realizó un préstamo bancario de más de CAD$ 2500.

Esta persona, con el proceso tan simple de trabajador calificado por el que postulaba, pudo haber hecho el proceso sin ese tipo de ayudas, ahorrándose ese dinero, pero tenía mucho miedo, le daban dificultad los idiomas y no se sentía capaz de llenar por sí misma los formularios…

Hablando de idiomas, su nivel de francés apenas le dio para pasar la entrevista con el representante de Quebec, pues no lo estudió mucho en su país. Luego de pasar esa prueba y clasificar en el proceso migratorio, paró de estudiar francés y se concentró a vivir sus últimos meses en el país y a priorizar en sus ocupaciones y su familia.

Luego de inmigrar, pasados muchos meses de estudio de francés y de vida aquí, llegó al punto que por la dificultad que le dio ese idioma lo comenzó a detestar, y con eso se bloqueó más y no lo aprendió lo suficiente.

Debido a su nivel de idioma y a su timidez, y que su carrera es en el área de la salud (que para hacerla valer aquí piden muchas cosas), se le dificultó mucho la integración y asimismo encontrar un empleo en su área de estudios. Sólo pudo encontrar trabajos de supervivencia a salario mínimo y a veces muy tarde en la noche.

Nuestro protagonista decidió entonces estudiar para ser cuidador de personas en instituciones de salud, lo que en francés se conoce como “préposé aux bénéficiaires”, un trabajo duro pero si se cuenta con suerte es bien pago.

La suerte no le sonrió mucho en el tema del empleo y los trabajos que conseguía eran todos con salario cercano al mínimo, incluso en esa área de estudios.

Decidió entonces cambiar de ciudad e ir a un lugar en donde hablaban inglés. Esta persona estaba convencida que el problema eran los quebequenses y su cultura discriminatoria.

Y allí, en la otra ciudad se chocó otra vez con el idioma… tampoco era buena para el inglés y se le hacía incluso más difícil que el francés…

El empleo que encontró también era con muy bajo salario y no tan buenas condiciones.

Ya pasaron 5 años luego de inmigrar y esta persona siente muy fuerte la presión económica de tener que enviar dinero para ayudarle a su familia y para pagar el préstamo con que hizo su proceso migratorio. No olvidemos que aquí también tiene que pagar arriendo, transporte, ropa y alimentación.

Esta persona entonces se desesperó y decidió trabajar muchas horas extras y ahorrar lo más que pudo para poder pagar sus deudas, y cuando vio que era hora, no lo dudó un instante y se regresó a su país de origen, en donde (afortunadamente) corrió con la buena suerte de retomar el buen empleo que tenía antes de inmigrar.

En este momento está feliz en su tierra. Emigrar a otro país no era para esa persona.

Hasta aquí las dos historias de hoy. Por ahora no pongo conclusión, simplemente una invitación a meditar sobre las dificultades de vivir en un país diferente, que tiene un sistema económico más agresivo que el de nuestros países de origen y en donde para mucha gente no es tan fácil adaptarse en lo profesional y en lo personal.

En esta entrada continúo con la segunda parte del tema, que incluye otra historia verdadera. Luego vendrán más.

Muchas gracias por leerme, y te invito a explorar todas las notas que tiene el blog mientras nos volvemos a ver en la próxima entrada.

Muchos éxitos.

PD: ¿Conoces de historias similares, o totalmente diferentes? Puedes dejar un comentario.

About the author

Wordlier

A Luis Gutiérrez (Wordlier) le apasionan los temas sociales, el aprendizaje de idiomas, y apoyar a las demás personas para que encuentren su camino hacia el éxito personal y profesional. Hace más de media década reside en la provincia de Quebec, Canadá. En 2009 fundó el foro "Colombianos Inmigrados e Inmigrantes al Canadá", el cual sigue administrando, y que le ha servido a cientos de familias a hacer amigos y facilitar sus proyectos de vida. También puedes encontrarlo en el Grupo Facebook: Profesionales Inmigrando y Viviendo en Canadá.

Readers Comments (1)

  1. Gracias por esas experiencias. Sabemos que cada uno tiene su propia historia pero vale la pena aprender de los aciertos y errores de otros.
    Quedo a la espera del “Continuará…”

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